Entrevista al Dr. Felipe Tapia, sansano egresado del IQA que participa en desarrollo de una vacuna candidata contra el Covid-19

7 · Octubre · 2020

Egresado en el año 2008 del IQA, se especializó en Alemania. Actualmente trabaja en el instituto Max Planck produciendo una vacuna candidata contra el COVID-19

Felipe Tapia en feria abierta a niños y jóvenes alemanes llamada “Larga noche de la ciencia” de la Sociedad Max Planck junto a reactor tubular didáctico y columna de purificación

Felipe Tapia en feria abierta a niños y jóvenes alemanes llamada “Larga noche de la ciencia” de la Sociedad Max Planck junto a reactor tubular didáctico y columna de purificación

El Dr. Felipe Tapia ingresó a estudiar ingeniería civil química en el DIQA el año 2002. Luego de 8 años de vida universitaria marcados por el estudio y la participación en actividades complementarias, el Dr. Tapia se tituló y comenzó su exitosa carrera de  especialización en la Universidad de Erlangen-Nürnberg, que luego lo llevó al prestigioso instituto Max Planck en Alemania, donde terminó sus estudios de doctorado con una interesante especialización, en lo que él define como “una mezcla entre ingeniería de procesos, ingeniería de tejidos y producción de virus”. Actualmente, el Dr. Felipe Tapia trabaja en el instituto Max Planck desarrollando una vacuna candidata contra el COVID-19. Oriundo de Puerto Montt, y con una gran trayectoria, este destacado sansano egresado del IQA nos concedió una entretenida entrevista donde nos cuenta como fueron sus años en la USM, sus experiencias y su trabajo actual.

Si quieres conocer con más detalle el interesante trabajo de nuestro destacado egresado, te invitamos a revisar los siguientes enlaces.

https://noticias.usm.cl/2020/08/25/sansanos-en-alemania-trabajan-en-vacuna-contra-el-covid-19-que-podria-fabricarse-en-chile/   

https://www.youtube.com/watch?v=fgl4LyvsmME&feature=emb_title   

Línea de producción continua de virus instalado en el Instituto Max Planck. Las materias primas se ubican a la izquierda (Unit 2) y el producto se obtiene a la derecha (Unit 6). El reactor tubular se encuentra dentro de un incubador a 37°C y atmósfera controlada (Unit 5).

Línea de producción continua de virus instalado en el Instituto Max Planck. Las materias primas se ubican a la izquierda (Unit 2) y el producto se obtiene a la derecha (Unit 6). El reactor tubular se encuentra dentro de un incubador a 37°C y atmósfera controlada (Unit 5).

Gracias Felipe por aceptar esta entrevista. Primero quisiéramos saber ¿Cómo un oriundo de Puerto Mont, elige venir a estudiar a la UTFSM Ingeniera Civil Química?

Nací y crecí en Puerto Montt. De niño me gustaba la ciencia y tenía muchos libros de astronomía, viajes espaciales y medicina, lo que me motivó a estudiar ingeniería. Pero la principal razón por ir a la USM fue por mi papá quien es ingeniero mecánico de la USM formado en los 70’s y de niño escuchaba historias de esta universidad que me motivaron. Por ejemplo, en plena guerra fría en la USM, en el departamento de Física, se manejaba información sobre construcción de bombas nucleares que era confidencial para esos años. A eso hay que sumar el respeto que proyectaba la USM entre mis compañeros de colegio. Estudié con los jesuitas y muchos ex alumnos regresaban derrotados de la USM. Era común oír que a la Santa María era “fácil entrar” pero “difícil mantenerse”. Por esas razones ingresé a la USM. Al final esos dichos fueron ciertos, pues recuerdo que entramos 10 compañeros de colegio y sólo egresamos 4.

Respecto de la ingeniería química, desde la educación media quise seguir una línea que mezclara la medicina con la ingeniería y en ese entonces la ingeniería civil química era la única carrera que me podía acercar a esa disciplina. Por esa razón ingresé a ingeniería civil química en la USM, luego de pasar un año por plan común.

 

Pasando a tu vida universitaria ¿Que récuerdos tienes del LOU, participante alguna vez en los paseos o la copa curanto?

Tengo los mejores recuerdos y mis vínculos con el LOU fueron creciendo ya terminando mis estudios. Fui un alumno normal y mi motivación por hacer cosas empezó a crecer ya terminando la carrera. Siempre viví en Placeres a una o dos cuadras del LOU por lo que tenía buena asistencia a clases y la mayor parte del tiempo lo pasaba en el hall de montaje, biblioteca o en el patio central. En esos años tener una laptop con Wifi no era algo común, así que los tiempos entre clases también lo pasábamos en unos computadores del LOU que tenían internet. Varios amigos y compañeros de carrera vivían en Placeres así que ocupábamos mucho tiempo en diferentes casas estudiando o pasando el rato, yendo a comprar al Chile, donde el Robert o al XL. Fueron buenos tiempos y lo pasamos muy bien. Cuando había que estudiar se hacía en serio y durante semanas. En la copa curanto creo que no participé nunca, pero sí en un par de paseos curanto. La última vez ayudé a hacer un curanto en olla, que en el sur le llamamos “pulmay”. Así que técnicamente el paseo debería llamarse “paseo pulmay” (broma). Buenos recuerdos.

 

Durante tu vida universitaria en la USM ¿Realizaste alguna activad extraprogramática o hobby?

Jugábamos al fútbol en la cancha cerca de calle Matta, pero sólo en primavera y verano, así que no era algo de todos los días. Teníamos un equipo de mi generación que se llamaba “meta y ponga”, pero eran más derrotas que victorias. Después intenté ir al gimnasio pero no había nivel principiante así que duré dos clases.

Finalmente ingresé al Grupo de Energías Alternativas, donde estuve dos años con un proyecto de destilación de pisco con energía solar. El CCTVal estaba empezando y nos financiaron 1 año para llevar a cabo el proyecto. Fue una primera experiencia investigando y era difícil pues la tecnología estaba en Europa y teníamos que diseñarla nosotros mismos. Nunca logré destilar pisco en Chile pues me fui al extranjero, pero luego de unos años en Alemania, compré los equipos necesarios por internet y un día soleado logré destilar pisco con energía solar. Fue una gran alegría pues la radiación solar en Alemania es al nivel de Chaitén. Si lo logré con pisco y en Alemania, entonces seguramente se puede en el desierto de Atacama. Antes de tener la idea de destilar pisco me la pasaba pensando cómo destilar petróleo con el sol y un día, en un cumpleaños y luego de prepararme una piscola, pensé que destilar pisco sería más fácil pues es sólo una etapa de destilación. En fin, podría hablar bastante de eso pues es un tema interesante. Hoy en Europa se hace investigación diseñando reactores químicos cuya fuente de energía son concentradores solares.

 

Pasando a temas más técnicos ¿Cuando comenzó tu interés por los bioprocesos? Recuerdo que hacías cerveza.

Mi interés empezó cuando adolescente. Leía mucho de ciencia, astronomía y biología. A fines de los 90’s vi un reportaje en la TV donde mostraban a un perro que le sacaban toda la sangre, lo congelaban a 20 grados bajo cero, y luego lo resucitaban. No había Wikipedia en esos años y la Enciclopedia Encarta era limitada. Hoy sé que eso lo lograban porque utilizaban DMSO para evitar la expansión del agua de su cuerpo al congelarse. Recuerdo esa nota muy bien pues por primera vez escuché sobre ingeniería de tejidos y regeneración celular. Ya en la Universidad, llegado el 5to año, me acerqué al centro de biotecnología para hacer una tesis en cultivos celulares. Posterior a eso me fui a Alemania a especializar en ingeniería de tejidos donde trabajé ayudando a una post-doc sintetizando parches para implantes de miocardio. Finalmente, me doctoré en Alemania y terminé trabajando en un área que mezcla la ingeniería de procesos, ingeniería de tejidos y la producción de virus para elaborar vacunas.

 

Células humanas HEK293 expresando virus-like particles (VLPs) de coronavirus capaz de expresa proteína verde fluorescente.

Células humanas HEK293 expresando virus-like particles (VLPs) de coronavirus capaz de expresa proteína verde fluorescente.

¿En que realizaste tu tesis de pregrado?

Fue sobre producción de células epiteliales humanas encapsuladas en alginato y cultivadas en un biorreactor. Lo interesante de eso era que el objetivo era aumentar la producción de ese tipo de células humanas pues son capaces de expresar una proteína que era materia prima para unos biosensores. Esa tesis fue un buen desafío para mí y para mis supervisores pues había equipos que casi no habían sido usados y tuve que echarlos a andar. Hoy no estaría aquí sin la paciencia y dedicación del también sansano Dr. Patricio Villalobos Biaggini quien me enseñó cultivos celulares en el Centro de Biotecnología y me conectó con la Universidad de Erlangen-Nürnberg. Fue una buena experiencia que me motivó a seguir en esa línea llamada ingeniería de cultivos celulares.

 

Al finalizar la tesis decidiste especializarte ¿Qué te motivó a ir a estudiar a Alemania? ¿Dónde realizaste tu Doctorado y de qué trató tu tema de tesis?

Me fui a Alemania motivado por la tesis de ingeniería en la USM por lo que hice un Máster en Ciencias en Materiales y Procesos Avanzados, con foco en ingeniería de cultivos celulares, en la Universidad de Erlangen-Nürnberg. El máster era de dos años y la tesis de maestría no sabía dónde hacerla, hasta que vi una oferta de tesis de máster en un Instituto Max Planck, precisamente en algo relacionado a ingeniería de cultivos celulares pero aplicado a la producción de vacunas. Tomé el tren, fui a la entrevista y me aceptaron para la tesis. Ya una vez en el instituto, trabajé día y noche y terminaron ofreciéndome un doctorado en el mismo grupo de investigación.

Bioreactor Eppendorf utilizado para cultivos celulares y producción de vacuna candidata de COVID-19 en modo continuo.

Mi doctorado fue sobre producción continua de virus en biorreactores con el objetivo de elaborar vacunas.

Existía la problemática de que producir virus en continuo era difícil pues con los equipos existentes (cascadas de CSTRs) puedes acumular mutaciones que llevan a caídas en la productividad del proceso, razón por la cual los procesos continuos no eran útiles para manufactura de vacunas. Pero como soy ingeniero químico, supe que la solución al problema era utilizar un reactor de flujo pistón para producir los virus en continuo. Me tomó tres años construir un prototipo de reactor funcional para producción de virus de influenza humana A/H1N1. La idea resultó ser nueva y la innovación introducida significó una patente, charlas en la Universidad de Oxford, Amsterdam y la más importante en Suiza frente a 400 personas en la conferencia de cultivos celulares más importante de Europa (ESACT). Finalmente, esta innovación resultó en un financiamiento por 1.1 millón de euros para seguir desarrollando este biorreactor. Hoy lo estamos utilizando para producir una vacuna contra COVID-19 de forma rápida y costo eficiente.

 

Partículas similares o VLPs (virus-like particles) de SARS-CoV-2 producidas por nuestra Startup ContiVir en nuestros reactores y sistemas de purificación. Diámetro de aprox. 70 nanómetros y principio activo de una vacuna candidata contra COVID-19. En color rojo se observa la corona o proteínas spike. Foto tomada con microscopía electrónica de transmisión.

En la actualidad ¿En qué consiste tu trabajo?

Soy investigador del Instituto Max Planck para la Dinámica de Sistemas Técnicos Complejos, dedicado al desarrollo de procesos continuos de producción de virus. Junto a un colega mexicano lideramos un grupo de investigación que al mismo tiempo es una Startup de la Sociedad Max Planck. El nombre de la startup es ContiVir.

 

Finalmente, quisiéramos saber ¿En que te han aportado tus conocimientos de procesos químicos adquiridos en el pregrado, para el desarrollo de tu área en bioprocesos?

Con mi conocimiento en procesos químicos pude conectar los cabos que me permitieron desarrollar una tecnología nueva y que en el futuro ayudará a producir vacunas de forma más rápida y a menor costo incluso en situaciones de pandemia. Son mis conocimientos en ingeniería química los que me permiten ser un aporte valioso en un área donde colaboro codo a codo con especialistas de otras áreas como la biología y virología.

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